domingo, 29 de octubre de 2017

Runciman, y la Caída de Constantinopla -y otras historias-.

Sobre lo que sería un auténtico intelectual británico, y el por qué del nombre de este blog.


Bien, reconozco que esta entrada, más que para hablar de un personaje realmente fuera de lo común, en el sentido de curioso o fuera de lo común, es un poco capricho mío. Bueno, eso, y el hecho de que, ya que tengo poco tiempo, y no mucho de lo que escribir, me viene bien para colgar algo nuevo, porque ahora mismo, no es que haya tenido la posibilidad de buscar y encontrar, aquí o allá, otras cosas de las que hablar.

La Caída de Constantinopla, y otras historias, de esas que apasionan a muy serios sabios británicos.

Resulta curioso el interés,  la cantidad y calidad de obras y estudios realizados gracias a dicho interés, que existe en las Islas Británicas -también querría añadir Irlanda, y no sólo hablar de la Gran Bretaña- sobre lo que normalmente llamamos "La Época Clásica", o el mundo antiguo greco-latino. Y por extensión, más allá de la Grecia y la Roma antiguas, también el Mediterráneo -sobretodo europeo, también musulmán, sobretodo turco otomano- durante la Edad Media. Y ahí, en ese Mediterráneo medieval, aparece lo que llamamos Imperio Bizantino, conocido como tal, precisamente, a partir de la caída de su capital, de Constantinopla, pues mientras existió, el tal "Bizancio" fue conocido, dentro y fuera del imperio, como Imperio Romano -tras la caída de su hermano occidental, claro, porque mientras tanto, llevaba el añadido de "Oriental"-, y a sus habitantes, emperadores y tropas, lo mismo como romanos, que como griegos -esto último, a partir, principalmente, de la pérdida de Egipto, Siria y Palestina, y los territorios romanizados de Iliria, Mesia o Tracia-.
Pues después de este preámbulo, o ejemplo de enrollarse como una persiana, al lío:

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Steve Runciman -nombre completo: James Cochran Stevenson Runciman; como es de imaginar, decidió recortárselo a la hora de usar el nombre en su vida diaria- nació en 1903, en Northurberland, hijo de dos parlamentarios del Partido Liberal británico -los antiguos whigs-, con padre vizconde,  y que, según se cuenta -casi leyenda-, sabía leer latín y griego a los cinco años, y alos ocho, según su biógrafo Dinshaw -700 páginas de libro- era "un niño alarmantemente alfabetizado". Pasados los años, ni él mismo habría podido decir cuantos idiomas podía hablar y escribir de forma correcta, pues al contrario de otros historiadores, no sólo consultó fuentes en latín y griego, de la Antigüedad o la Edad Media europea, o en lenguas de Europa Occidental -francés, italiano, catalán...- sino también en árabe, farsi -persa-, turco, hebreo, siríaco -arameo, aún hablado entre los cristianos del norte de Siria-, armenio y georgiano.
En 1921 ingresó en el Trinity College, de la Universidad de Cambridge -donde siempre se sintió muy a gusto-, gracias a una beca, y más tarde, en Eton -que odiaba-, donde descubrió su amor por la historia en general, y la Edad Media en particular. Fue amigo y compañero de George Orwell, autor de "Rebelión en la granja" y "1984", y ambos fueron alumnos de Aldous Huxley, autor de "Un mundo feliz"; que junto a la obra de Orwell, son dos de las distopías más influyentes y conocidas de todos los tiempos. Allá también conoció al historiador J.B. Bury, que, de carácter difícil y huraño, no quiso en principio darle clase, pero, al saber que Runciman leía ruso, le dio gran cantidad de documentos en búlgaro -lengua eslava emparentada, aunque no cercanamente, con la rusa- para que los tradujese, y acabó cambiando de idea. Con el paso del tiempo, Runciman fue considerado "el único alumno de Bury", que fue no sólo su mentor y guía, sino un gran historiador y escritor, sobre San Patricio y la cristianización de Irlanda, el Papado, la antigua Grecia, Roma, etc..


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Un cuadro italiano de finales del XIX, donde se representan las Vísperas Sicilianas, donde el pueblo de Sicilia exterminó a los franceses de la isla, mayoritariamente, pero no del todo, compuesto por soldados y funcionarios, pero también por religiosos, comerciantes, obreros y sus familias. Es considerado por los italianos como un levantamiento nacional, patriótico, pero como en tantas otras ocasiones, también se cometieron desmanes e injusticias, y se asesinó a no poca gente simplemente por ser francesa.

Después de recibir una cuantiosa herencia de su abuelo paterno -era empresario naviero-, se retiró en 1938 de la enseñanza, para así dedicarse con completa libertad tanto al estudio de idiomas, como a la escritura de libros que, debido a la enorme erudición y datos que exigían, le habrían resultado casi imposible de escribir en caso de haberse dedicado a la enseñanza. Por ello, aparte del estudio académico, se dedicó también a viajar por el Mediterráneo, llegando a ser profesor de historia en la Universidad de Estambul -en turco- entre 1942 y 1945. Fue en Turquía, donde comenzó sus investigaciones sobre el Imperio Bizantino y las Cruzadas, con documentos que otros historiadores habían desechado.
Ruciman era una persona un tanto particular, pero también el ejemplo del sabio británico excéntrico y, a la vez, conservador, aunque no reaccionario. Era ingenioso y agradable, pero no le gustaba nada hablar en público -como Tolkien, que, según ex-alumnos suyos que acudieron a alguna de sus charlas, no se defendía nada bien hablando en público, entre otras cosas, porque no podía evitar hablar en voz muy baja, casi inaudible-, y prefería a ello la tranquilidad de su estudio, y que entremezclaba forma de vida aparentemente tradicional, con su interés por el ocultismo, y su actitud hacia el arte y la estética como algo primordial, de ahí que fuera considerado un esteta. Fue un ejemplo de un tipo de sociedad, la británica posterior al Eduardismo, que acabó en gran parte desapareciendo tras la II Guerra Mundial, aunque aún existe en ciertos círculos, como son las universidades privadas.
Murió en el año 2000, a los noventa y siete años, en Radway, y fue enterrado en Lockerbie, en Escocia.

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La caída de Constantinopla ha sido retratada en multitud de cuadros y grabados. Aquí dos, el primero más moderno, el segundo, renacentista.

Y respecto a su obra, que sería quizá lo que más interesaría a la gente, aquí un resumen, al menos, de lo traducido al castellano: su "Historia de las cruzadas", en tres volúmenes, publicados entre 1951 y 1954, y que sigue siendo, a pesar de haber pasado más de seis décadas, un clásico ineludible para conocer hechos ta aparentemente conocidos, pero más complejos de lo que podría pensarse; "La caída de Constantinopla, 1453" (1965), que -puedo asegurarlo porque la he leído, y de ahí el título del blog, al no tener idea de cual ponerle- permite hacerse a la idea de tan magno acontecimiento -más, quizá, de lo que la gente de aquella época debió pensar, por ser Constantinopla una sombra patética de lo que llegó a ser-; "Las vísperas sicilianas; una historia del mundo mediterráneo a finales del siglo XIII" (1958), sobre la rebelión de la población de Sicilia contra el dominio Angevino, la dinastía de origen francés que gobernaba la isla, y que sirve de excusa para conocer la situación de todos los estados y civilizaciones mediterráneas de finales del siglo XIII.
Además, escribió otras obras sobre el peso de la iglesia, la cultura y los conflictos bélicos de Bizancio, así como temas cercanos, como sería la historia de los maniqueos -considerados una secta, pero realmente, una más de las religiones con pretensión universal, o al menos supranacional, que aparecieron durante siglos en Oriente-, o sobre el primer Imperio Búlgaro, enemigo acérrimo de los bizantinos -o romanos, que es como se llamaban a sí mismos, y eran llamados por los demás, los supuestos "bizantinos"-, y en aquella época, con una aportación étnica y cultural túrquica muy fuerte, aunque los búlgaros originales acabaron mezclándose con las tribus eslavas sobre las que gobernaban, dando paso al actual pueblo búlgaro.
La obra de Runciman, al contrario que otros estudiosos, es fácil y agradable de leer, a pesar de las décadas pasadas, pero eso na ha de hacer pensar que sufre de falta de erudición y todo tipo de datos y detalles. Es, sin duda, una puerta a unos mundos, como la Sicilia medieval, y sobretodo, el Imperio Bizantino, que gracias a su pluma, siguen todavía vivos y entre nosotros.


    jueves, 12 de octubre de 2017

    La dama que representaba a Estados Unidos, lady Columbia, cuyo nombre nadie recuerda.

    La versión femenina del Tío Sam, perdurando como anónima estrella de cine.


    El tiempo libre que tengo no me da para mucho más, así que, por el momento, haré una entrada cortita, de una web que encontré por casualidad, "Krasker talks!" -aquí, un enlace, para quien quiera visitarla-, sobre la considera actriz norteamericana no más conocida, pero sí la que, aunque sea brevemente, en más ocasiones ha aparecido en una película. Y siempre en el mismo momento: el principio. En realidad, antes todavía que eso, pues no la podríamos ver participando en ningún film propiamente dicho, sino poco antes, cuando se nos anuncia qué estudios son los responsables de lo que estamos a punto de ver.
    Se trata de la personificacion de los Estados Unidos, en su versión femenina -la masculina sería el Tío Sam-, aparecida desde la I Guerra Mundial en periódicos y revistas, además de carteles e ilustraciones de todo tipo: Lady Columbia, también, en ocasiones, conocida como Lady America. Pero en determinado momento, la dama Columbia fue considerada una personificación del coloso norteamericano secundario, a medida que la iba sustituyendo un icono más moderno y poderoso, como fue la Estatua de la Libertad.
    Sin embargo, en determinado momento, Lady Columbia pudo tener una segunda oportunidad de no ser olvidada, cuando los dueños de la productora de cine Cohn-Brant-Cohn -fundada en 1919- se dieron cuenta de que la gente no se quedaba con semejante nombre. Los hermanos Harry y Jack Cohn, y su socio Joe Brandt decidieron cambiárselo, en 1924, por el de Columbia, como el medio olvidado personaje. Pero también pensaron que si querían que su productora ganara notoriedad, el tener un nombre corto y pegadizo, y que sonara en algo a la población, algo ayudaría. El marketing no es cosa de hace cuatro días, precisamente.
    Sin embargo, decidieron que no fuera la Lady Columbia de aspecto casi modernista, sino un personaje más moderno, en parte fusionado con la Dama Libertad, copiando -o más bien adaptando, cogiendo prestados- tanto la antorcha que iluminaba el mundo, como la vestimenta de diosa greco-latina. 
    En 1934 aparecería una primera versión, pintada, pero en 1939 aparecería la que es considera la versión final, también un ilustración, sí -no es una fotografía repintada, aunque lo parezca a primera vista- más moderna y atractiva. Tanto, que duró décadas, porque, sin apenas cambios -más allá del color- duró hasta 1976. Más adelante, sufrió diversas variaciones, hasta llegar a desaparecer, sustituyendo los rayos de luz a la figura femenina.
    Y ahora la pregunta: ¿quién fue la modelo para Lady Columbia? Realmente, no se sabe, y probablemente no se sepa nunca. Hay dos candidatas con más posibilidades de haberlo sido por encima de otras, que serían Amelia Baatchelor y Evelyn Venable, pero después del fallecimiento de todas ellas, de quienes contrataron y fotografiaron -para más adelante realizar la ilustración- a la modelo, y de cualquiera que conociera el tema de primera mano, tal vez acabe siendo uno de los muchos misterios de Hollywood. O no.


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    Una primera versión, de 1934, con un aspecto más Art Nouveau. No se sabe quién debió ser la modelo, pero no parece que fuera la misma que para la versión posterior, definitiva y más conocida.

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    La imagen de Lady Columbia, en blanco y negro, antes de ser coloreada y un poco más modernizada, aunque parecida a la versión definitiva.

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    Lady Columbia, tal como la vemos al comienzo de tantas películas, y ¿la modelo original? que posó para darle su rostro y personalidad, y de la que tan poco -o nada- se sabe aún hoy en día.

    Imagen relacionada
    La figura con el fondo detrás, tal como la conocemos.

    viernes, 22 de septiembre de 2017

    Libros con vida propia. Dioramas literarios, o vida en un libro una vez leído.

    O qué se puede hacer con un libro que ya no te interesa, y que sea, además homenaje a la literatura en general.


    Aquí, aprovechando un rato libre, un ejemplo de dioramas, de esculturas de papel, de algo más que simples trabajos manuales: una forma de transformar el libro no sólo en transmisor de arte -la literatura, también la fotografía o la ilustración-, sino arte por sí mismo. Realmente, hay ediciones de ciertos libros que son auténticas obras a admirar, pero en este caso, el arte es la forma en que han sido transformado.
    Aquí unos ejemplos, con el nombre de los artistas -si he podido encontrarlo-, de los "dadores de vida" de libros que, quizá, estaban muertos de aburrimiento en un rincón, sin que nadie los leyera:


    perfumeros antiguos dibujos - Buscar con Google
    Mariví Garrido Bianchi realizó este homenaje al Quijote.

    • "Hacia lo desconocido" - Malena Valcárcel •
    Malena Valcárcel creó "Hacia lo desconocido". Como se ve en el lado derecho, tiene su propia página, y para quien le interese, pongo aquí un enlace.

    Diorama Diorama de Papel de Libro con luz por MalenaValcarcel
    Otro diorama de la misma autora, con luz incluida.

    Esta escultura libro representa el árbol de la vida.    Por favor ten en cuenta que esta escultura ha sido vendida. Haré una igual para ti. Toda la escultura está realizada a partir de un libro descartado. Las hojas del árbol están hechas con papel del mismo libro y papel de seda negro.    Estará lista para colgar en la pared o simplemente para colocar en una estanteria.    Firmado y fechado por mí en la parte trasera.    Dimensiones aproximadas: 26 cm x 21 cm. Envío todos mis artículos por c...
    Y aquí una tercera obra: "El árbol de la vida".

    Book carvings
    Petra, arrozales chinos, y otros muchos paisajes -que no he sido capaz de reconocer si ayuda, lo siento-. No he logrado encontrar el nombre del autor, pero sin duda, es todo un artista. Y sí, después de mirar cada foto con atención, estuve seguro de que se trata de libros reales.

    Detalles de magnificas esculturas
    Aquí, el autor o autora juega con los agujeros: o bien es un túnel a traspasar -por un tren-, o vemos salir una nube de mariposas, o engulle todo un barco.


    Y una serie de libros-escultura, de la serie "El pensador" -o "El hombre se piensa"; más o menos, es cómo lo traduzco yo-. Aquí, estaríamos hablando de un artista, Kenjio, que expone y vende a buen precio sus trabajos:

    The Thinking Man’s Book Sculptures

    Fait dargile et de vieux livre coupé et plié. Jai fait le penseur comme un reflet de la contemplation de nouvelles connaissances.    Il y a une cheville

    Fishing for Knowledge Original Sculpture by Kenjio on Etsy

    Like an Open Book Original Sculpture by Kenjio on Etsy, $500.00



    lunes, 18 de septiembre de 2017

    Los cambios en la revista alemana "Jugend", pionera del modernismo alemán.

    Durante más de cuatro décadas, fue ejemplo de la modernidad y la vanguardia alemanas, hasta que su existencia se hizo imposible con el nazismo.


    En la web Messy Nessy (aquí, un enlace de la web) pude ver imágenes de una revista alemana, Jugend -"Juventud", en alemán- donde, mes a mes -pues era una publicación mensual, debido a que su texto no podía llevarse a cabo en sólo una semana-, se ofrecían ejemplos tanto literarios como de arte plástico -pintura y, sobretodo, ilustración, o sea, dibujo- de jóvenes alemanes, aunque también de otras nacionalidades, de lo más granado de la vanguardia centroeuropea.
    Fundada en 1896, por Georg Hirth, y publicada siempre desde Munich, capital de Babiera, sería ejemplo de los cambios de tendencia artística en Alemania. En principio, el estilo de las ilustraciones o de la poesía eran, sobretodo, modernistas, o cercanas al modernismo, pero tras la I Guerra Mundial, época en la cual su línea editorial, por llamarla así, era más cercana al romanticismo nacionalista y al paisajismo -alemán y, en particular, bávaro- fueron teniendo espacio artistas vanguardistas cada vez más rupturistas, como el dibujante y pintor George Grosz, que denunciaba el militarismo y el autoritarismo, o textos de Kurt Tucholsky o Erich Kästner.
    En la web se explica que Jugend no podría tener espacio en lo que llamaron "Nueva Alemania", la de los nazis, pues el arte que contenía, una vez casi olvidado el modernismo o Art Nouveau, conocido en Alemania también como Jugendstil -"estilo juvenil, de la juventud", por tratarse de un estilo que los jóvenes acogieron con energía, deseosos de romper con un pasado de arte academicista que les cansaba y con el que no se sentían a gusto, y para los que Jugend fue referente- era principalmente surrealista, y en general, muy vanguardista. Puro "arte degenerado", a eliminar. Y el régimen nazi sabía que no valía la fórmula de exponer ese arte supuestamente degenerado para que la gente, tras conocerlo, lo despreciara, pues ya en algún momento lo intentaron, y lejos de espantar a la población, la exposición de dichas "abominaciones" atraía más visitantes que cualquier exposición de "arte patriótico" o académico.
    A partir de 1933, aceptaron propaganda nazi, y con toda seguridad, fue el mismo estado el que, al menos en parte, la mantenía con la publicidad oficial. Pero en realidad, Jugend ya estaba muerta por dentro, no podía sobrevivir al nazismo, que destruía o pudría todo lo que tocaba, y cerró definitivamente en 1940, cuando el III Reich, la nueva Alemania, estaba conquistando media Europa, sin vislumbrarse forma de venderla.
    Por la razón que fuera, quizá por el hecho de que existió todavía durante varios años en que gobernara en nazismo, los alemanes enterraron en la memoria, literalmente, el recuerdo de dicha publicación, como si hubiera sido, no víctima, sino herramienta política del nazismo, aunque hoy en día, es posible descubrir sus ilustraciones, y leer sus textos -en alemán, eso sí- en la web d ela Universidad de Heilderberg, y en la Hemeroteca Municipal de Madrid, aunque en este caso, de forma incompleta.
    Y a continuación, algunas de sus portadas, de distintas épocas, con el año en que salieron a la luz, excepto cuando no he podido averiguarlo:



    1898, modernista, pero apostando por el desnudo femenino, poco habitual en su época.

    También modernista, y con toda seguridad a finales del XIX, aunque no sé qué año en particular.

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    1899, con un ejemplo de la atracción -más bien fascinación- de la cultura clásica, sobretodo griega, que sentían parte de los intelectuales y artistas alemanes.

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    1900, con un dibujo modernista más moderno.

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    1902, con ganas de ir un poco más allá.


    1909, o la alegría de vivir de la Belle Époque, que también se hacía notar en Alemania, no sólo en Francia.

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    1913, muy poco antes de la hecatombe de la Gran Guerra, que destruyó Alemania. Ya se comprueba que dicho país era uno de los centros del nuevo arte europeo.

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    1915, durante la I Guerra Mundial. En esa época, tocaba patriotismo, donde naturalismo, romanticismo y orgullo nacional se entremezclaban. El arte era, también, más realista.

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    1916, año en que, en toda Europa, la población se imaginaba que la guerra iba para largo.

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    1921: pájaros y colorido para un país que intentaba resurgir de una durísima posguerra.


    1926, con una visión europea de los lejanos Mares del Sur, la exótica ¿Polinesia?

    1927, en plena vanguardia, con una ilustración de Erik Nitsche.


    1927, y la condición noctámbula, entre otras cosas, de la cultura berlinesa y alemana.

    1929, cuando Berlín -Munich era algo más conservadora- era famoso por su cultura, y por sus noches.

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    1929, color y vanguardia.

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    1934, con los nazis en el poder, se acepta su propaganda y control, y se vuelve al realismo romántico, por ser el arte académico -y más, si contenía un mensaje oficialista- como el único válido.

    1934: con esta portada, no hay mucho que decir. Y la revista, poco que ofrecer, aunque todavía subsistiría, aunque con otra alma, hasta  1940, ya comenzada la guerra.

    Cover
    1940, año en que desapareció para siempre la publicación. Belleza clásica, que el nazismo intentó utilizar, manipular. ¿Un para siempre? Sí, pero como mínimo, gracias a internet, resulta posible su re-descubrimiento.



    viernes, 15 de septiembre de 2017

    El viaje a Ítaca de Cavafis, o cuando lo principal es el viaje,  no el destino final.

    El poema más famoso de Cavafis, el último de los grandes poetas griegos, casi contemporáneo nuestro.


    Este blog está bastante muerto, así que mejor darle un poco de vida.

    Resultado de imagen de cavafisHace ya lo que me parece una eternidad, como dos meses y medio o tres meses, no sé realmente, que no escribo nada, en parte por falta de tiempo, y en parte, porque no me veía con muchas ganas, o simplemente, no sabía bien de qué escribir.
    En una página de facebook dedicada a Corto Maltés, el legendario marino creado por el italiano Hugo Pratt, encontré el famoso poema de Constantino Cavafis, griego de Alejandría, fallecido en 1933, pero sin embargo, tan unido a sus lejanísimos antecesores de tiempos antiguos, que podría parecer el último de una larga lista de poetas y recitadores, que comenzó con Homero, y aparentemente finaliza con él.
    Creo que no es necesario explicar demasiado sobre esta pequeña obra de arte. Básicamente, nos damos cuenta sólo con leerlo al completo una primera vez -que en poca gente resulta también la última- qué es lo que nos cuenta: que en no pocas ocasiones, no es el destino, la meta, el final del camino lo principal, sino el camino mismo, el viaje, el periplo, tal como debieron sentir y pensar -lo uno y lo otro, sentimiento y pensamiento libre, tan unidos al alma helena- tantos viajeros griegos, desde los que en tiempos míticos debieron llegar a las costas de la Cólquida, en la costa de la actual Georgia, en el Mar Negro, o a las de Troya, o Ilión -de ahí el nombre de "Ilíada"-, aunque fuera para destruirla y saquearla.
    Y aquí, el poema al completo. Como se ve, corto, pero intenso:

    Ítaca.

    Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
    pide que el camino sea largo,
    lleno de aventuras lleno de experiencias.
    No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al colérico Poseidón,
    seres tales jamás hallarás en tu camino.

    Si tu pensar es elevado, si selecta
    es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
    Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al salvaje Poseidón encontrarás,
    si no los llevas dentro de tu alma,
    si no los yergue tu alma ante ti.

    Pide que el camino sea largo.
    Que muchas sean las mañanas de verano
    en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
    a puertos nunca vistos antes.
    Detente en los emporios de Fenicia
    y hazte con hermosas mercancías,
    nácar y coral, ámbar y ébano
    y toda suerte de perfumes sensuales,
    cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
    Ve a muchas ciudades egipcias
    a aprender, a aprender de sus sabios.

    Ten siempre a Ítaca en tu mente.
    Llegar allí es tu distino.
    Masno apresures nunca el viaje.
    Mejor que dure muchos años
    y atracar, viejo ya, en la isla,
    enriquecido de cuanto ganaste en el camino
    sin aguantr a que Ítaca te enriquezca.

    Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.
    Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Ítacas.



    La isla de Ítaca. Quien la visite, encontrará, pero pensará si no habría valido más la pena alargar algo más el viaje.

    Ítaca es una isla pequeña, apenas de 100 m2 -96, según la wikipedia-, y con una población de apenas 3.500 habitantes. Por lo visto, nunca fueron sus habitantes muchos más. Ulises, u Odiseo -su nombre griego original; Ulises fue usado por los romanos, y de ellos lo tomamos nosotros-, más que un rey tal como lo imaginaríamos, sería algo parecido a un jefe tribal, un señor de una pequeña comunidad insular, pobre, que viviría tanto de la agricultura, como de la pesca, y de la piratería -tan pobre y minúsculo país, ¿con qué podría comerciar?-. La Odisea parece insinuar -así lo entendí yo- que Odiseo era, si no soberano propiamente dicho del resto de islas del archipiélago de las Jónicas, sí tendría algún ascendiente sobre los demás señores que las gobernaban, como un rey de reyes, o más bien un señor aguerrido al que obedecen, mitad por miedo, mitad por conveniencia, siempre por respeto, todos los demás "héroes guerreros" que, en su momento, acompañarían a Odiseo, el de las mil tretas, a la guerra y saqueo de Ilión/Troya -otro nombre usado por los romanos, el de Troya, que les parecería tan lejana como mítica, que cogimos como si fuera el original griego-.
    Al visitar tan pequeña ínsula, entendemos lo que podría sentir Ulises, al llegar a tan nimio reino, a exterminar a los pretendientes que acosaban a su fiel esposa Penélope -aunque según tradiciones anteriores a Homero, de fiel poco, pues compartió lecho con todos y cada uno de ellos-: por un lado, la alegría de llegar a la patria, a su señorío, a recuperar todo lo que le pertenecía. Y por otro, tras conseguir justa y sangrienta venganza -eran tiempos sangrientos, duros, aquellos- y volver al trono y a su casa familiar, con su esposa y su hijo Telémaco, ya un hombre, el placer de poder contar, a la vera del fuego del hogar, las mil y una aventuras -convenientemente adornadas y exageradas- que le habían acontecido durante los veinte años -diez de guerra, diez de viaje- que había estado fuera.

    Isla de  Ítaca
    La isla de Ítaca, desde el aire, no parece gran cosa. Quizá nunca lo fue. Ni tan siquiera se puede notar una gran población, concentrada, hoy en día, en su pequeña capital, Vathí.


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    El larguísimo viaje de Ulises, vagando por un Mediterráneo que, para los griegos de la época micénica, y todavía más durante los años oscuros -donde el arte de navegar en parte debió perderse, aunque por lo visto,  nunca del todo, pues tras ellos, los griegos colonizaron toda la costa de la Jonia, y más adelante, Sicilia y el sur de Italia, entre otras tierras- era un lugar lleno de peligros y misterios todavía por desentrañar.

    miércoles, 28 de junio de 2017

    Élisabeht Sonrel: modernismo en femenino con raíes prerrafaelitas y renacentistas.

    Si Reino Unido tuvo el prerrafaelismo, Francia y Bélgica tuvieron el modernismo.


    Al otro lado del Canal, los franceses y belgas también tuvieron sus propios movimientos artísticos.

    Ya escribí, y mucho, sobre el prerrafaelismo y los prerrafaelitas, y como se pudo ver en la anterior entrada, no he dejado de hacerlo. Realmente, cuando comencé a hablar sobre ellos, lo desconocía casi todo, sobre ese movimiento y sus miembros, y poco a poco, no sólo los fui conociendo cada vez más, sino que me vi un poco obligado a añadir cosas que, en principio debía haber escrito, y no hice, en las primeras entradas, dedicadas, sobretodo, a los fundadores de la Hermandad.
    Pero el siglo XIX fue una época en que el arte, sobretodo el pictórico -y aquí habría que incluir el dibujo, o más bien, la ilustración-, empezó a dividirse y subdividirse en ramas, corrientes o movimientos, más allá de etapas que se iban sucediendo -renacentismo, barroco, neoclasicismo del XVIII...-. Igual que, a principios del XIX, se vio la separacion entre realismo y romanticismo, y cómo de este último, se separó, o más bien tuvo su propia personalidad, el orientalismo, a partir de la segunda mitad de siglo se comprobó que, cada vez más, había movimientos con una identidad muy clara, y que, finalmente, llegaríamos a lo que llamamos "corrientes", o movimientos.
    Uno de ellos, de los primeros -quizá el primero- fue el prerrafaelismo -con una primera y segura generaciones, además de los neo-prerrafaelitas, bien entrado ya el siglo XX-. Otro, en Italia, serían los macchiaioli, de los que hablé hace ya una eternidad. Pero a partir de los 60 y 70, se destacaron otros movimientos, más conocidos por todos: impresionistas, postimpresionistas, simbolistas y, sobretodo, modernistas.
    El modernismo merecería toda una serie, que quizá lo tenga, pero mi falta de tiempo -y ganas, la verdad- por ahora lo impiden. El impresionismo tuvo sus etapas, sus corrientes y escuelas, y una enorme divversidad, que se extendió a través de bastantes años. Se podría también hablar que el movimiento tuvo dos ramas claras, según el tipo de arte que practicaban sus miembros: el modernismo arquitectónico -que también incluía no sólo escultura, sino también mobiliario y diseño, e incluso trabajo del hierro y jardinería-, y el pictórico -incluyendo la ilustración-. También hubo un modernismo literario, pero ese es otro tema, aparte de que no ha resistido tan bien el tiempo.
    Y aquí, uno de sus miembros y practicantes, de lo que sería un -o una- artista modernista en el campo de la pintura y la ilustración. Ya escribí sobre un español, el catalán Ramón Casas, y ahora toca una francesa: Élisabeth Sonrel.

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    Imagen relacionada
    "Flores del campo". Ilustraciones de art nouveau, pura.


    Señora Sonrel, usted dibuja muy bien.

    Élisabeth Sonrel nació en Tour en 1874, y era hija de un pintor no muy conocido, pero competente: Nicolas Stéphane Sonrel, que fue su primer maestro, en cuanto vio el interés de su hija por el arte. Pero llegado el momento, Sonrel padre pensó que su hija podría llegar a ser mejor artista que él, y que convenía mandarla a estudiar a una escuela de arte. Y así, la joven Élisabeth llegó a París, capital cultural y artística del mundo -París era una fiesta, la ciudad-luz, y todo eso...-, donde tuvo como profesor a Jules Lefebvre, conocido sobretodo por sus retratos de hermosas jóvenes, y por la enorme cantidad -y calidad de algunos de ellos- de alumnos que tuvo a lo largo de su larga carrera de profesor en la Escuela de Bellas Artes de la capital -École des Beaux-Arts-.
    Aunque Lefebvre sería, básicamente, un retratista realista, Sonrel, con el paso del tiempo, tuvo una mayor variedad de temas: tanto místicos o míticos y literarios, como alegóricos -la naturaleza, personificada en mujeres- o simbolistas -aunque no fue parte del simbolismo propiamente dicho-, aunque también pintó retratos -como no pocos pintores de la época, que los usaban, sobretodo, para ingresos económicos rápidos- y paisajes.
    En 1892 pintó su trabajo "de fin de carrera", por decirlo así, para conseguir su diploma de la École: "Paz y trabajo", que se puede ver todavía en el Museo de Bellas Artes de su ciudad, Tours. Más adelante, iría exhibiendo gran parte de su obra pictórica -al óleo o acuarelas- en el Salón de Artistas Franceses, entre 1893 y 1941, o sea, durante gran parte de su vida.
    Al igual que los artistas británicos -o los que pensaban que lo eran, o que llegarían a serlo algún día-, también los franceses, y de otras nacionalidades -Fortuny, por ejemplo- viajaban a Italia por una serie de motivos: aprender de maestros de aquel país, descubrir el arte italiano en museos, pero sobretodo, en vivo -entiéndase, pudiendo ver con sus propios ojos edificios, esculturas, y, en no pocas ocasiones, ruinas, o lo que quedaba, del patrimonio cultural italiano- lo mismo arte griego -Sicilia y sur del país- como romano, medieval, renacentista, e incluso barroco y neoclásico. Italia era destino ineludible para cualquier europeo culto que se lo pudiera permitir, y la joven Sonrel pudo descubrir allá a los maestros del Renacimiento, viajando por Florencia y Roma. Fueron muchos, los pintores de aquella época que debieron cautivarla, y despertar en su mente el deseo de imitarlos, y después de ello, una vez conseguido estilo propio, aprovechar su saber y su arte, pero sobre todos, parece que uno le influyó más que los demás: Sandro Botticelli.

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    "Ovejas pastando", sería un ejemplo de sus ilustraciones para postales.

    Vuelta a su país, recibió una tercera influencia, tras el realismo retratista de su padre y su maestro, y el Renacimiento en estado puro de tierras italianas: los prerrafaelitas, la llamada "vanguardia antes de que existieran las vanguardias". Y era lógico, pues la Santísima Trinidad del movimiento -Rossetti, Millais y Holman Hunt, y los que les siguieron- fueron de un rupturismo que, hoy en día, en que los vemos como pintura clásica, es difícil imaginar. Y aunque fue, sobretodo, un movimiento británico, mucho o poco, tuvieron eco en casi toda Europa, y más allá. Por otro lado, el prerrafaelismo no era sólo estilo, visión distinta de los mismos temas. Realmente, algunos de estos temas ya eran clásicos de la pintura europea, pero otros eran relativamente modernos: cualquier nuevo prerrafaelita, o pintor que se acercara a ellos, aunque fuera a cierta distancia, comprobaría la repetición de ciertos personajes y paisajes. Sonrel pasó a interesarse por ellos: "La Divina Comedia" de Dante -el mismo Dante como personaje, incluso, como ya se comentó en una entrada sobre los temas de los prerrafaelitas-, el rey Arturo y las leyendas y obras que se escribieron a su alrededor, la Edad Media desde un punto de vista romántico y casi de ensueño -y poco realista, ciertamente-, y temas bíblicos, pero desde un punto de vista más moderno y realista. Y de la Biblia, al misticismo, como en sus obras "Almas errantes" (1894), o "Los espíritus del abismo" (1899).

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    "Joven con hortensias", de principios del siglo XX.

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    PINTURA Y- ARTE: ELIZABETH SONREL
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    Dos de sus ilustraciones, en este caso, representando primavera, otoño e invierno.

    Las alegrías del verano
    "Las alegrías del verano".

    La procesión de los Ángeles devant l'enfant Jesús
    "La procesión de los ángeles delante del niño Jesús", sería uno de sus no muy abundantes trabajos religiosos, aunque aquí los ángeles tienen una apariencia más femenina de lo habitual.

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    "El cortejo de Flora" -una deidad menor greco-romana- sería, en cambio, una obra de inspiración mitológica.

    En aquella época, hasta principios del XX, también dibujó de todo y en abundancia: carteles publicitarios, postales, ilustraciones para libros, etc., en el estilo de modernismo francés conocido mundialmente como art nouveau.
    Pero a partir de 1900, la cosa cambió, pues la pintura de ambiente mítico o religioso -o más bien, de influencia prerrafaelita o renacentista- fue en gran parte aparcada, para dedicarse cada vez más a un determinado tipo de temática. No dejó de pintar retratos -algo que siempre daba dinero y buena fama en futuros clientes; casi todos burgueses que se ganaban más o menos bien la vida deseaban un retrato propio, o de toda la familia, aunque también deseaban retratos de jóvenes o niños, que adornaran sus nuevas casas-,  y paisajes, principalmente de la Bretaña, donde viajaba regularmente para pintar sus bosques y pueblos, sobretodo el bosque de Brocéliande -un lugar real, casi mágico, de la Bretaña, el "país celta" de Francia, y donde podrían, muy bien, transcurrir las antiguas leyendas de base también céltica-; y ocasionalmente, flores, aunque no fue lo habitual. Más adelante, también viajaría a la costa, buscando nueva temática en el Atlántico, sola, o en compañía de estudiantes -o más bien, aprendices suyos-. Realmente, se podría decir que acabó siendo bretona por adopción, y más cuando se hizo construir una villa en el pueblo de La Baule, donde pintó varios retratos teniendo como modelos a las jóvenes del lugar.
    Su última exposición fue en 1941, con sesenta y siete años, y parece que también tuvo otra en Liverpool. En sus últimos años, prácticamente abandonó la pintura, hasta que falleció en 1953, en Sceaux, cuando el modernismo ya no era más que un recuerdo de un mundo perdido tras la Gran Guerra, décadas atrás.

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    "Poesía por la tarde", o un ejemplo de las ensoñaciones renacentistas de la artista.

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    "Las escenas de Dante", o la visión de Sonrel sobre la vida del genio italiano, transformado en protagonista de no pocas obras del XIX.