viernes, 16 de febrero de 2018

Los prerrafaelitas (anexo XVI). Los temas (y 7, después de haber acabado en el 6: El jarrón de albahaca de Isabel.

Como ciertas cosas no acaban del todo nunca, vuelvo a la temática de las obras del prerrafaelismo.


Boccaccio, Keats, y finalmente, atención de los prerrafaelitas.

Hace lo que a primera vista me parecería mil años, acabé la larguísima serie dedicada a los prerrafaelitas. Sin embargo, me saqué de la manga la posibilidad de ir añadiendo entradas nuevas sobre personajes o temas que pudiera ir encontrando dentro o fuera de la red. Y este es un caso, tratándose de uno de los temas del prerrafaelismo que más interesó y atrajo, por lo menos, a los primeros prerrafaelitas, entiendo como tales a la ya conocida -por mí, al menos- "Santísima Trinidad" del movimiento: Holman Hunt, Millais y Rossetti.
Ya se ha visto que estos y otros artistas del movimiento tuvieron especial atracción por personajes mitológicos y, sobretodo, literarios o legendarios femeninos que, antes que ellos, no es que fueran especialmente tenidos en cuenta por los artistas plásticos. Caso de la Dame sans merci, la dama de Shalott, Ofelia, etc. A ellas podría unirse otra, como quién dice, recién descubierta por mí: Isabel, o Isabella -en italiano- y su jarrón de albahaca.
Quizá primero habría que explicar, aunque fuera sucintamente, la historia de la tal Isabel, y su importancia literaria antes de que los prerrafaelitas la adoptaran como una de sus modelos -aunque no se tratara de mujeres reales y de carne y hueso- y musas.
En primer lugar, cuál es su origen literario. La historia de Isabel y su jarrón forma parte del "Decamerón" de Giovanni Boccaccio, un compendio extraordinario de relatos de todo tipo -de amor, desamor, humor, trágicos, satíricos-, y uno de ellos fue, precisamente, el del Isabel y su jarrón de albahaca. Cuenta dicho relaato que la joven formaba parte de una familia de clase alta, y sus hermanos pretendían casarla con un hombre de su misma clase social. Pero ella estaba enamorada de un joven de origen modesto, que trabajaba para la familia. Amor, por lo demás, correspondido. Pero los hermanos supieron de aquel amor secreto y prohibido, y se las apañaron para asesinar al joven, y enterrarlo en secreto. Ella, claro está, no volvió a saber de él, y sus hermanos le iban dando largas, cuando Isabel, lógicamente, les preguntaba por su amado, porque al fin y al cabo, era el encargado de dirigir los negocios de la familia. Una noche, Lorenzo, el asesinado, se le apareció a Isabel en un sueño, y le contó la verdad. Isabel llegó a donde estaba el joven enterrado, y no se le ocurrió otra cosa que cortar su cabeza con un cuchillo, y esconderla en un gran jarrón, donde lo cubrió con tierra, y plantó albahaca, que creció de forma extraordinaria. Isabel se pasaba el día y la noche al lado del tiesto, abrazándolo como si fuera un amante, y aquello extrañó a propios y extraños, y a sus propios hermanos, que dicidieron separarla de tan extraña obsesión. Pero Isabel enfermó, y no paró de pedirlo entre sollozos. Evidentemente, los hermanos quisieron saber qué demonios escondía aquel jarrón, y encontraron la cabeza de Lorenzo. Sonrprendidos y horrorizados, la enterraron en secreto, y marcharon fuera de Florencia -la ciudad de Isabel y su familia- por cuestiones de negocio. Y ella, sin el jarrón que pedía entre sollozos, murió al poco de pena.
Para quién quiera leer el cuento completo traducido al castellano, dejo un enlace de la web "Narrativa breve", que es donde yo lo leí.

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Una estatua de Bocaccio, el gran escritor florentino -aunque nació en la pequeña población toscana de Certaldo-. Fue, junto a Dante y Petrarca, uno de las grandes figuras literarias del Renacimiento, y padres de la literatura italiana. La historia de Isabel y su jarrón de albahaca es uno más del centenar de historias que se cuentan en su "Decamerón".

La figura trágica de Isabel y su jarrón fue recogida, a principios del siglo XIX, y en un país europeo bien distinto a Italia como Gran Bretaña, por una de las principales figuras de la poesía romántica no sólo inglesa, sino europea en su conjunta: el no menos trágico -por su corta vida, no por su obra, al menos, no toda- John Keats, que por sí sólo ya merecería bastante más que una modesta entrada de blog. Keats era un  hombre vitalista, sensual -no en el sentido sexual que ahora se le daría, sino en el de poner sus sentimientos por encima de todo-, pero también un joven siempre con problemas económicos, de salud -murió tuberculoso a los veinticinco años-, y con poco eco entre los críticos de la época -y no sólo críticos; Byron, aunque trabó amistad con él, siempre le consideró muy por debajo de él, llamándolo "Johnny", como si fuera un adolescente que se distrajera escribiendo poemas mediocres-. Como tantos románticos -y "post-románticos", que sin ser considerados exactamente como tales, no pudieron, y muchas veces tampoco quisieron, ocultar su influencia por los románticos de nombre y fama-, también se dejó influir por Italia, donde, incluso, acabó viajando por cuestiones de salud -inútilmente, pues murió, y fue enterrado en Roma, donde se puede encontrar aún hoy en día su tumba, como la de Fortuny-. Y he aquí los primeros versos que dedica a Isabel, Lorenzo, y su trágico amor:

¡Bella Isabel, pobre y sencilla Isabel!
¡Lorenzo, un joven romero a los ojos del amor!
No podían morar en la misma mansión
sin sobresaltos de corzón, sin languidecer;
no podían sentarse a comer sin sentir lo bien que les sentaría a los dos ser el uno del otro;
no podían, con seguridad, dormir bajo el mismo techo,
sin soñar el uno con el otro, y llorar por la noche.
(...)


Tras la muerte de Keats -y de Byron, Shelley, Tennyson...-, el relevo del romanticismo poético pasó, en cierto modo, al neo-romanticismo pictórico prerrafaelita, y los miembros de la Hermandad, y muchos otros que sin ser parte de ella, sí lo fueron del movimiento -en el sentido más amplio- acabaron adoptando diversos temas que fueron, en ocasiones, comunes a los románticos pre-victorianos que vivieron en lo que podría llamarse Era -o Época- Georgiana tardía -la Regencia de Jorge III debido a su locura, Jorge IV, Guillermo IV-, e Isabel de Florencia pasó a formar parte de su particular mitología.

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Quizá el retrato más conocido o popular de John Keats.

Y ahora, en tercer y último lugar, Isabel y su mal de amores en la pintura de los prerrafaelitas, que es, en principio, de lo que se iba a hablar aquí, aunque pensé que debía dar alguna explicación antes de ello. El cuadro más conocido con dicha temática -aunque no el primero- fue el de William Holman Hunt. Y su fama se debe, más que a la originalidad de cómo imaginó el pintor la historia, al momento de su vida en que lo pintó. 
Hunt estaba pintando el cuadro mientras vivía en Florencia junto a su esposa Fanny, que se encontraba enbarazada. Fue en esa ciudad italiana -que tantos artistas británicos visitaron a lo largo del siglo XIX- donde ésta dio a luz a Cyril, el hijo de la pareja, pero lamentablemente, falleció poco después de septicemia, antes de que Hunt pudiera acabar el cuadro, y se supone -razonablemente-, que el dolor por la pérdida de su esposa debió influir en el pintor, que no pudo sustraerse del dolor causado por su pérdida, por mucho que el arte lo absorbiera y ocupara su tiempo. Su "Isabel y el jarrón de albahaca" obtuvo gran éxito de crítica y público, y hasta llegaron a hacerse no pocos grabados del cuadro. Mientras tanto, la hermana de Fanny, Edith, se hizo cargo del niño, y finalmente, ella y Hunt se casaron, aunque tuvieron que hacerlo fuera de Gran Bretaña -lo hicieron en Suiza-, pues las leyes de aquel país prohibían el matrimonio de un hombre con su cuñada tras la muerte de su esposa y hermana de ésta.

Hunt tardó mucho en acabar su cuadro (1866-8; casi dos años) debido al dolor de haber perdido a su esposa. Quizá sin que lo esperase, ni le importada demasiado, tuvo un gran éxito entre crítica y público. Gran parte de la información sobre Hunt y su "Isabel" lo conseguí en la web "Pinturas de varias épocas".

Millais también pintó a "Isabella", pero unos veinte años antes que Hunt, entre 1848 y 1849, y también se inspiró directamente en Keats, que resultaba culturalente mucho más cercano a los británicos de su época que Boccaccio -hacía poco más de veinte años que Keats había fallecido-. Aquí la visión del artista es distinta: se puede ver a Isabel, Lorenzo -que le ofrece media naranja, como si fuera una simple muestra de confianza y educación, ocultando que lo hace como se le ofrece algo a la persona amada-, sentados ambos en la misma mesa que los tres hermanos de la joven, y algunos personajes secundarios, del montón. Parece nada más que la comida de una rica familia italiana del Renacimiento, y nada parece presagiar la tragedia que cuenta la historia de Boccaccio. Millais lo pintó siendo extraordinariamente joven, sólo diecinueve años, y fue uno de los cuadros que hizo que muchos empezaran a tenerlo en cuenta.

John Everett Millais - “Isabella” (1848-1849, óleo sobre lienzo, 103 x 143 cm, The Walker Art Gallery, Liverpool)
Este cuadro del pintor prerrafaelita John Everett Millais está inspirado en una de las historias del Decamerón de Boccaccio (jornada IV,...
La "Isabella" de Millais (acabada en 1849) fue uno de sus primeros trabajos. Fue un auténtico niño prodigio, aunque en aquel momento, nadie podía imaginar que protagonizaría, junto a Rossetti y Hunt, toda una revolución en el arte del siglo XIX. Foto y parte de la información, de la web "El cuadro del día".

John William Waterhouse, pintor de mujeres casi etéreas, como ninfas, también pintó otras más "reales", y tuvo su propia visión del sufrimiento de Isabel. 

La Isabel de Waterhouse (1907), detallista, hermosa, con una calavera en la columna en la que se apoya el jarrón... Waterhouse siempre pintaba belleza, incluso cuando deseaba retratar tristeza, tragedia, crueldad de los hados con personas inocentes.



domingo, 21 de enero de 2018

El decadentismo ilustrado en el continente: la holandesa Johanna Daemen.


Una tercera parte, quizá no la última, sobre el decadentismo-esteticismo.

Aunque no acostumbro a escribir más de una entrada sobre el mismo tema que vayan seguidas, en este caso he preferido que no sea así -no ha sido la primera vez, de todas formas-, básicamente, porque me apetecía hablar de ello sin esperar más. Bien, tras hablar de Beardsley y de Austen, en esta ocasión le toca a una mujer que, además, no era británica, sino holandesa -o neerlandesa, que quizá sea una denominación más correcta-: Johanna Daemen, parte del llamado "decadentismo holandés", que también tuvo su propia identidad, aunque no llegara a ser tan famoso como su hermano del otro lado del Mar del Norte, el esteticismo británico. No son pocos los que, conociendo su obra, creen que sería mucho más famosa hoy en día en el caso de haber sido norteamericana o británica. Y es muy posible que tengan razón. Fue una artista con una obra relativamente pequeña, razón por la que, por mucho que se busque, se acostumbra a encontrar casi siempre las mismas ilustraciones -además, parece que realizó pequeños trabajos que, lamentablemente, deben haberse perdido-. Su obra, que parece estar entre el decadentismo -sin duda, debió recibir alguna influencia de autores británicos; algo, por lo demás, muy habitual en los artistas holandeses del siglo XIX y principios del XX- y el modernismo -que a partir del cambio de siglo, parecía estar en todas partes-, sigue siendo casi desconocida fuera de su país, a pesar de su belleza, profundidad y detallismo.
Johanna Maria Hendrika Daemen -también conocida como Jo Daemen-, nació en 1891 en la ciudad de Haarlem, que en su momento daría su primer nombre a Manhattan, donde todavía lo lleva el barrio de Harlem -se pronuncia más o menos igual, porque en holandés, las vocales dobladas no se alargan tanto, que yo sepa, como en una lengua latina-. Al nacer en una familia más o menos de clase media, y ser hija de un maestro, tuvo la oportunidad y el apoyo de estudiar más allá de los estudios primarios, y en 1907 comenzó sus estudios artísticos en la Escuela de Artes Aplicadas de Haarlem. Daemen empezó a destacar en una época en la que ya no se hablaba de dibujantes -aunque ella lo era-, sino de ilustradores. Ella se dedicó a la ilustración de libros -portadas, sobrecubiertas, ilustraciones interiores-, aunque como otros que se dedicaban al mismo trabajo, también trabajó en el diseño de carteles publicitarios o de otro tipo. Muchos trabajos, tanto de los decadentistas, como sobretodo de los modernistas -más o menos contemporáneos, aunque el modernismo duró más tiempo- son, realmente, cartelería, trabajos para publicidad, y no sólo para obras de teatro, ópera, conciertos o magia, sino para cualquier producto, en tiempos como aquellos, de rápida industrialización, y continuos avances en ciencia y, sobretodo, tecnología.

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Parte de las ilustraciones de su obra más conocida: "La llama sagrada: el cuento de hadas de Stefan Pártos" (1927), escrita, además de ilustrada, por ella misma, en recuerdo y tributo a un violinista húngaro fallecido a edad temprana. (La información y las imágenes las conseguí en la página de facebook "The Quiet Steeps of Dreamland").

También, y no de forma secundaria o accesoria, como si fuera más un complemento a su actividad principal que otra cosa, sino de forma seria y exitosa, se dedicó a la poesía, y al arte de diseñar y fabricar vidrieras. Aunque resultaba más conocido el trabajo en la "resurección" del arte vitral realizado por los prerrafaelitas o contemporáneos y compatriotas suyos, éste siguió gracias, sobretodo, al hecho de que el modernismo era un "arte total", y a que, en la arquitectura, este estilo artístico también incluía, como parte del movimiento, el diseño de vidrieras, mobiliario, lámparas, trabajo de enrejado, cerámica, y prácticamente, cualquier cosa. Pero las vidrieras y la poesía no fueron los únicos palos que tocó Johanna. También hizo ilustraciones para partituras, y proporcionó dibujos e historias cortas para la revista "La mujer y su casa", y "De Telegraaf". Además, fue compositora, al escribir textos para la cantante y pianista Jacoba Craamer. Más adelante, Craamer interpretaría una de las composiciones de Daemen en la exposición "La mujer: 1813-1913", que formaba parte de la conmemoración del centenario de la liberación del Reino de los Paises Bajos de la dominación napoleónica y la marcha de los franceses -reino que, además de Holanda, o Paises Bajos, también incluía, hasta su independencia en 1830, a la actual Bélgica, además de a Luxemburgo-.

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También realizó trabajos más "alimenticios", como las portadas de estos libros de jardinería, a la que los holandeses han sido siempre tan aficionados.

Desde 1917, Daemen trabajó durante un tiempo en el taller del artista del vidrio de Haarlem Willem Bogtman. En 1919 se unió al VANK, una asociación de la que formaban parte gran número de artistas, tanto artesanos como del mundo industrial, además de arquitectos. Antes de su fundación, éstos formaban parte de asociaciones o grupos profesionales donde los pintores eran mayoritarios, pero finalmente, decidieron crear su propia organización, en la que también entraron algunos arquitectos -los artesanos también formaban parte de sus propias asociaciones-. 
Murió en el pequeño pueblo de De Bilt, en la provincia de Utrech, en 1944, cuando su país todavía no se había liberado de una ocupación mucho peor que la de las tropas de Napoleón: la de la Alemania Nazi.

Como se ha visto, no hay muchas imágenes, pero es que el trabajo de Daemen, como ya se ha dicho, no fue muy extenso, y no es que se conserve demasiado. Que se sepa, al menos.



jueves, 18 de enero de 2018

John Austen, el otro gran ilustrador del esteticismo británico, y aventajado sucesor de Aubrey Beardsley.

Se reconozca -o se sepa- o no, pocos ilustradores de principios del siglo XX han influido tanto como él.


Figura clave y principal de la ilustración en el esteticismo británico.

Hace poco escribí sobre un artista británico del que había visto -y vuelto a ver- no pocas obras suyas, pero cuyo nombre no conocía -o, tras leerlo, volvía a olvidarlo-. Se trataba de Aubrey Beardsley, que fue, a pesar de haber vivido sólo veinticinco años, un ilustrador fuera de lo común, que le dio la vuelta a lo que en aquel momento se consideraba debía ser un buen ilustrador -algo más que un simple dibujante- victoriano. Realmente, Beardsley vivió como adulto los últimos años de aquella larguísima época, aunque, finalmente, la vieja Victoria acabó sobreviviéndole. Fue un escándalo, por su estilo, su temática, su carácter, sus amistades... y resultaba difícil, y habría sido una lástima, que toda aquella renovación hubiera caído en saco roto.

John Austen Autorretrato 1930
Un autorretrato de 1930, cuando hacía años que había conseguido la fama, en un estilo moderno, que había dejado atrás el modernismo, en aquella época considerado ya pasado de moda.

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Portada y varias ilustraciones de su "Hamlet", una de sus obras más conocidas. Fue su segundo libro ilustrado -el primero fue "El pequeño simio", de Ralph Holbrook Keen, en 1921-, pero suficiente para saltar a la fama.

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Portada de "Little Ape", su primer trabajo. Ya prometía.

Pero no fue así. Beardsley fue el primero de la ilustración del llamado esteticismo, que no dejaba de ser, realmente, lo que el resto de europeos -franceses, italianos, españoles, belgas...- llamaban decadentismo, una corriente artística básicamente literaria, pero que también tuvo, por decirlo así, una rama en las artes plásticas. En el continente, esta rama no fue lo más importante de la corriente, en absoluto, pero en las Islas Británicas tuvo mucho más eco entre los usuarios de pinceles, lápices, plumas y grabados. Beardsley fue quizá el primero en destacar, pero al poco, tuvo un seguidor que, al haber podido disfrutar de una vida más larga, y en épocas donde las vanguardias tuvieron mucho más eco, ha acabado siendo más conocido, sino por su propio nombre -algo no tan raro, por lo demás-, sí por su obra. Su influencia, en pintores, ilustradores, en el cine y televisión, e incluso en autores de cómic, ha sido grande. Yo diría, mucho mayor de lo que los mismos "influidos" quieran, o incluso sean capaces, de reconocer -en el cómic en particular, me parece haber visto esa influencia sobretodo en autores franceses y belgas, y europeos en general-.
Ese seguidor fue John Archibald Austen. Nacido en la ciudad costera de Dover, en el condado de Kent -que sería la Inglaterra más inglesa- en 1886, su trabajo consistió, básicamente -aunque no hay que pensar que fue poco- en ilustrar portadas e imágenes interiores de libros. No es que en aquella época la pintura estuviera perdiendo su espacio en el arte en sentido amplio, pero la ilustración empezaba a ocupar uno bastante mayor del que tuvo antes. Austen nació unos catorce años después de Beardsley, lo que significó que, cuando llegó a la edad adulta, aún siendo aún muy joven, su antecesor -por decirlo así- ya había fallecido, aunque no su legado.
Llegado a Londres con su familia en 1906, y tras casarse en 1919 con la que sería su esposa y musa, Ruby Thomson -que sería modelo para no algunas de sus ilustraciones, aunque él nunca dejó claro en cuales de ellas-, empezó su carrera ese mismo año. Y desde un primer momento, fue ese primer esteticismo beardsleyano del que antes se ha hablado el que le influyó -una de sus primeras obras fue un "Hamlet" que le hizo un hueco entre los jóvenes artistas que empezaban a destacar de entre la media-, aunque, bastante después -años veinte-, cuando el decadentismo-esteticismo empezó a disolverse, a perder fuerza, recibió con agrado la influencia de la vanguardia artística más importante de aquella época a nivel mundial, y mucho más variada, influyente, y todavía viva, de lo que podría pensarse hoy en día: el modernismo, o art decó. Como modernista, ilustró "Daphnis y Chloe" y "As you like it" -que podría traducirse como "Como quieras", o "Como gustes". Entre su obra de los años veinte, destacaría los "Cuentos de tiempos pasados -o de antaño-", en color, y basado en os cuentos de Charles Perrault.

John Austen Tales of Past Times 2 1922

John Austen Cuentos de tiempos pasados ​​3 1922

John Austen Cuentos de tiempos pasados ​​4 1922

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Varias escenas de los "Cuentos de antaño, o de tiempos pasados", recopilatorio de relatos de Charles Perrault.

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"Scheherazade" -tal como llaman a Sherezade en inglés-, con todo lo que interesaba al amante del arte vanguardista de los años veinte del pasado siglo: orientalismo, violencia, sensualidad, exotismo...

Pero Austen no sólo cambió de estilo con el tiempo -y si así lo requería la obra en la que trabajaba-, sino también de técnica, aunque el practicar una nueva no significó abandonar las anteriores. Practicó el grabado en madera, y lo que los británicos llaman scraperboard -y otros, sobretodo norteamericanos, pero también los que han aceptado un anglicismo como definición- scratchboard, consistente en un tipo de grabado directo, en que el artista rasca la tinta oscura para sacar a la luz otra capa, blanca o de otro color.
Como modernista, no sólo fue ilustrador, sino cartelista, pues creó cartees, anuncios y diseños de dustwrapper, que podría traducirse como "envoltura de, o para, el polvo", pero que sería lo que llamamos sobrecubierta. En resumidas cuentas, trabajó sobre, dentro y alrededor de los libros, y más allá.
Fue amigo del también ilustrador inglés Alan Odle -todavía más rupturista que Beardsley, y desde luego, de Austen-, y de su esposa, la novelista y periodista Dorothy Richardson, que escribió una obra con Austen como protagonista: "John Austen y los inseparables" (1930).
Fallecería en 1948, en la pequeña población costera de Hythe, en su condado natal de Kent, donde vivía desde mediados de los años veinte, cansado ya de la vida en la gran capital.

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Varias imágenes de su "Daphnis y Chloe" (1931), con un estilo bien distinto a otros trabajos anteriores. Austen no dudó en adaptarse a nuevos estilos y corrientes artísticas, o a cambiarlos según cada obra con la que trabajaba. La mitología greco-latina es una mina para los ilustradores.

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"Cada hombre, y otras plegarias" (1925), es un ejemplo de que también trabajó la temática religiosa cristiana. A su estilo, o en uno de ellos.

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Y por último, la Ofelia de "Hamlet", tan tratada por tantos artistas -sobretodo sus compatriotas prerrafaelitas, aunque el personaje parece ser eterno en el arte británico-. La he dejado la última, como remate de la lista de ilustraciones del que considero un auténtico genio, con una obra tan tremendamente actual.


lunes, 8 de enero de 2018

Portada de New Yorker: Robotización aquí y allá.

Aprovecho un momento libre, para colocar una portada que me ha gustado y hecho pensar.


No tengo suficientes conocimientos, tampoco tiempo, aunque sí interés, por saber hasta dónde podría llegar la robotización masiva dentro y fuera -pero sobretodo, dentro- del mundo laboral. El dibujante norteamericano R. Kikuo Johnson da su visión, reconociendo -o esperando-, en su comentario en la web de la revista New Yorker que, por el momento no está nervioso de que una máquina lo sustituya en su oficio de ilustrador, aunque nunca se sabe...



Y la próxima vez, algo un poco más largo, prometo.

jueves, 4 de enero de 2018

Aubrey Beardsley: corta vida, dar mucho que hablar, y una obra que nos parece insuficiente.

Es habitual que, cuando alguien especial se marcha muy pronto, siempre se piense qué podría haber hecho de haber tenido una vida más larga.


Enfant terrible, niño prodigio, gran ilustrador de los últimos años de la Era Victoriana.


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Resultado de imagen de aubrey beardsleyCuando me dio por escribir, en mi escaso tiempo libre, una entrada para despedir el año, incluí una ilustración del británico Aubrey Beardsley. Lo conocía -o más bien, conocía su obra- porque había visto no pocas ilustraciones suyas en webs o páginas de facebook, pero, aunque pensé en indagar más sobre la vida y obra de aquel inglés para mí desconocido, y de apellido tan difícilmente pronunciable, nunca pasé de allí. Hasta que decidí, por fin, saber quién fue este hombre, que falleció tan joven, con tan sólo veinticinco años, cuando se había hecho ya un nombre como artista y polemista, con un número considerable de seguidores, pero también de acerbos críticos, que no lle perdonaban sus burlas y desprecios a la hipocresía y el conservadurismo de una época, la Victoriana, que ya estaba llegando a su fin -realmente, acabó sólo dos años después de la muerte de Beardsley-. Pero quizá, sería mejor comenzar por el principio, y hablar de forma un tanto más ordenada sobre este hombre, tan victoriano, quizá, precisamente, por la forma que tenía de reírse, de fastidiar, también de ganar la atención, de su época y sus contemporáneos.
Aubrey Vincent Bearsley nació en la ciudad de Brighton, en la costa y extremo sur de Inglaterra, en 1872, aunque se estableció en Londres, junto a su familia, en 1883. y un año después, ofreció, junto a su hermana Mabel, un año mayor que él, varios conciertos que hicieron que se le considerara "fenómeno musical infantil". Su familia podría considerarse de clase media, aunque con ciertas estrecheces, y si pudo estudiar arte, fue -como tantos otros en su época- gracias a la herencia de uno de sus abuelos. 
De todas formas, Beardsley, por consejo, o más bien deseo de sus padres, que nunca andaron sobrados de dinero, y tras estudiar en la grammar school -más o menos, unos estudios medios o bachillerato- se dedicó a buscar un trabajo administrativo, en el despacho de un abogado. Lo que se decía, "un empleo seguro y respetable", típico de la clase media -o media-baja- urbana de la época. Respecto a la falta de dinero, una de las razones fue que, por lo visto, su padre, Vincent, tuvo que vender algunas propiedades para pagar lo que llamaríamos una indemnización a una mujer que fue su prometida antes de conocer a su esposa, y a la que había prometido matrimonio. Por lo que se ve, los victorianos, por muco que escribieran y leyeran sobre amor, a la hora de la verdad, acababan en no pocas ocasiones poniendo el dinero y los contratos matrimoniales por encima de los amoríos. Tras sus trabajaos de papeleos con el arquitecto, "ascendería" laboralmente al pasar a trabajar a una compañía de seguros. Y aparentemente, allá podría haberse quedado indefinidamente. Por suerte, finalmente no fue así.

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"Cómo sir Tristan bebió el brebaje del amor", es una de las ilustraciones que realizó para "Le mort d'Arthur", de Thomas Malory, su primer trabajo de importancia.

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También en la obra de Malory, la particular visión que tenía del mago -o druida- Merlín.

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"Excalibur en el lago", con un marco de adornos florales a lo William Morris.

Beardsley comenzó muy joven su carrera -normal, teniendo en cuenta que murió también muy joven-. Aunque también fue pintor, es como ilustrador cómo ganó justa fama. En 1891, y por consejo de Edward Burne Jones, uno de los padres del prerrafaelismo -y del que recibió cierta influencia, por lo menos, en su obra más temprana- y del simbolista francés Pierre Puvis de Chavannes, decidió aparcar el trabajo administrativo por el arte, entrando en 1892 en la Escuela de Arte de Westminster, donde tuvo como maestro al artista realista Fred Brown.
Sin embargo, el grueso de su obra se alejó de un prerrafaelismo -y un realismo, un neoclasicismo- que ya no tenía mucho de revolucionario, y se había transformado en el arte pictórico británico por antonomasia. Él formó parte del movimiento simbolista -más pictórico que del ámbito de la ilustración, pero también influyó en esta-, y desde un punto de vista tanto artístico como intelectual o espiritual, del esteticismo, que era algo así como la versión británica del decadentismo, con todo lo de radical -para la época-, grotesco -según algunos de sus seguidores- y contestatario, pero también innovador y renovador, que arrastraba dicha corriente artística.

The Black Cat (c1894)
Una ilustración para el relato "El gato negro", de Edgar Allan Poe (1894)

Death of Pierrot - The Savoy (1896)
"La muerte de Pierrot", publicado en la revista " The Savoy", inspirado en la Ópera Bufa italiana, que en sus tiempos -las postrimerías del XIX- era casi arqueología teatro-musical -la última ópera bufa reconocible, "Don Pasquale", data de los años 40 del mismo siglo, y se escribió unas tres décadas después de su desaparición-.

Venus at her Toilette (1896)
"El baño de Venus" es una ilustración del relato erótico inacabado "Under the Hill" (1896), del propio Beardsley, que publicó -obra e ilustraciones- en "The Savoy".

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Una ilustración más dedicada a Venus, la Afrodita griega. Mitología y literatura, los temas preferidos de Beardsley.

Uno de sus primeros trabajos -entre los muchos que realizó, tanto para revistas, como para ilustrar libros- fue para una edición de lujo de la obra del legendario Thomas Malory -el "padre" del ciclo Artúrico ordenado y literario-, "Le Morte d'Arthur" (1893). Fue su primer encargo de importancia, el que le podía abrir -y le abrió- las puertas a una vida como artista, o en caso de no salir bien, hacerle pensar si no salía más a cuenta volver a los despachos. Aquí, se nota la influencia de Burne-Jones, que al igual que su maestro -mayor que él en edad, y que le influyó a su vez- Dante G. Rossetti, que fueron, muy probablemente, los prerrafaelitas con un estilo más particular, más rupturista y menos clásico.
Más tarde fue editor de revistas, como "The yellow book" ("El libro amarillo"), para la que produjo no pocas ilustraciones, o "The Savoy" -donde pudo publicar algunas poesías y relatos cortos, incluyendo, uno erótico, inacabado-. Al tiempo, conoció a una de las grandes figuras literarias, y sociales, de la época: Oscar Wilde, con el que trabó una profunda amistad. Por él, y para él -y para seguir ganándose la vida, evidentemente, aunque Beardsley nunca se obsesionó con el dinero- ilustró su "Salomé", obra de teatro de Wilde, escrita originalmente en francés en 1893 -aunque no se estreno en París hasta tres años después-, traducida al inglés al año siguiente para ser representada ante el público, pero también para ser publicada -todo lo de Wilde, en aquellos tiempos, se publicaba-. Sin duda, aquella Salomé, brutal, gótica -no en el sentido arquitectónico medieval, sino ateniéndose al movimiento o sub-cultura gótica actual-, sensual y terrible, fue alabada, pero sobretodo, criticada y despreciada en una sociedad tan pacata y puritana como la Victoriana -mucho más de lo que hoy en día mucha gente piensa-, donde el placer sexual estaba mal visto entre los hombres -excepto con prostitutas-, y aún más entre las mujeres -en su caso, siempre, siempre...-.Aubrey sin duda se debió dar cuenta de ello antes incluso que la obra de su amigo saliera publicada en Inglaterra -también se publicó en Francia, en su lengua original, pero allá el público parecía estar más preparado para aquella ruptura-. Luego vendría más.
Su "Isolda" aparece vestida como una dama del XVIII más que como una joven de una Edad Media imaginaria, su "Lisístrata" de Aristófanes es un ejemplo de lo que representaba en la ilustración el simbolismo decadentista, y lo que sería el modernismo más rupturista -el de la Escuela de Viena, posterior al franco-belga-, su obra "Un libro de cincuenta dibujos de Aubrey Beardsley" fue un recopilatorio de su arte, con aportaciones inéditas, y en sus últimas obras, se ven figuras más recargadas, más rococó. Pero, en líneas generales, se puede resumir en pocas palabras: casi todas sus ilustraciones, de figuras estilizadas, son realizadas con tinta negra, con grandes espacios, bien en negro, bien en blanco. La influencia de la ilustración japonesa es incuestionable, y no debería extrañar, pues poco antes, el arte del país asiático había llegado a Europa, sobretodo a Francia, donde se puso de moda -el llamado "japonismo", que no sólo fue coleccionismo o interés por Japón, sino influencia en pintores, ilustradores, escultores, y hasta en diseñadores de vestuario-. Sus escenas entremezclan lo tremebundo o brutal -decapitaciones, demonios- con sensualidad y erotismo, pero sin caer en la pornografía. En realidad, tras su muerte, o incluso antes de ello, ya circulaban supuestas obras suyas, con un erotismo más fuerte, casi pornográfico, que en realidad fueron falsificaciones, pero el nombre de Beardsley vendía mucho, y así lo entendieron otros. En Estados Unidos hubo un artista, entre admirador e imitador, que además se apellidaba igual que él -Will Beardsley-, y en ocasiones se llegaron a confundir obras de uno y otro.

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Su particular visión de "Isolda".

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Dos de las ilustraciones para la "Salomé" de su amigo Wilde.

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Y una tercera, de Salomé con Juan el Bautista.

Su vida cerca de Wilde lo hizo famoso, fue un personaje que llamaba la atención por su elegancia, pero también por el aspecto de "nuevo dandy", a lo Wilde, que lucía, con sus trajes, sombreros, corbatas, guantes amarillos, bastón, zapatos de charol... llamaba la atención, incluso a los que no conocían su obra -lo que no impedía que la criticaran, o la ensalzaran, según el momento-. Por lo demás, de su vida privada se sabe más bien poco, por no decir casi nada. Se supuso que era homosexual, o al menos abiertamente bisexual, como Wilde, e incluso se llegó a insinuar una relación amistosa con su hermana, que habría quedado embarazada de Aubrey, para más tarde tener un aborto espontaneo, pero conjeturas aparte, es probable que fuera una persona asexuada, que no sintiera un auténtico deseo sexual, carnal, por nadie. Aunque su obra pudiera hacer pensar todo lo contrario.
Estuvo activo hasta casi su muerte, en 1898. Enfermo de tuberculosis -una enfermedad tan habitual en aquellos tiempos, y que a tanta gente mató-, marchó al sur de Francia, instalándose en la población de Menton, donde fallecería poco tiempo después, tras haberse convertido al catolicismo, en 1897. Y allá sigue enterrado.
Beardsley podía resutar molesto, pero murió joven, así que la sociedad no pudo tomarla con él, castigarlo, por decirlo así, por su atrevimiento. Wilde no tuvo tanta suerte. Su amigo fue también autor de caricaturas políticas, se reía de lo que veía a su alrededor. Sin embargo, en sus últimos días debió sentir algún tipo de remordimiento, y poco antes de partir a Francia, suplicó a su editor, y a su amigo Herbert Charles Pollitt -mecenas de artistas- que destruyeran todas las copias de "Lisístrata" y de "los malos dibujos", los "dibujos sagrados obscenos". Pero no le hicieron caso, porque de ser así, no habrían llegado tantos de ellos hasta nuestros días.

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Un par de imágenes de su "Lisístrata" -la segunda, incompleta, pero no la he encontrado entera-, obra del ateniense Aristófanes, de cuyas ilustraciones renegó poco antes de morir, en Francia.

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Una curiosa obra de Bearsley: una tarjeta de Navidad -fue editada como tarjeta mucho después de su muerte, en 1927-.